Moda confeccionada a través de la impresión 3D

Cuando en la primavera de 2016 se inauguraba en el MET de Nueva York ManusxMachina: Fashion in an Age of Technology, la exposición que recorría los principales hitos de la industria de la moda, se invitaba a reflexionar acerca de la unión de la eterna dicotomía: lo artesano y lo industrializado. «Tradicionalmente, lo artesano ha ido unido a lo exclusivo, a lo espontáneo; del mismo modo, lo hecho a máquina ha sido entendido como una dignificación del progreso, de lo democrático, de la producción en masa, y también como algo inferior», explicaba Andrew Bolton, comisario de la muestra. Un concepto que ha terminado por quedarse obsoleto en una época en la que las máquinas no luchan por quitar de enmedio el trabajo manual, sino que se combinan para crear trabajos más complejos.

Uno de los grandes retos a los que se enfrenta la moda actual es, sin duda, la implementación de nuevas tecnologías en sus procesos. Materiales diferentes y modos de hacer novedosos que mejoren la experiencia del cliente. Vaya, que si una camisa no se mancha, no se arruga y tampoco retiene malos olores, mejor que mejor y, aunque esta definición de prenda pueda sonar a ciencia ficción, en realidad, ya se vende. Las confecciona Sepiia, una empresa española, fundada por Federico Sainz de Robles, un chico de 26 años que se propuso unir moda y ciencia. Aunque en el ámbito tecnológico la gran revolución es, sin duda, la impresión 3D.

Dita Von Tissen lució, en 2013, el primer vestido confeccionado de ese modo. Ese mismo año, Cara Delavigne y Lindsay Ellingson, aparecieron en el show de la firma de lencería Victoria’s Secret, portando alas impresas en este material. En 2014, la cola de un vestido de novia de alta costura de Chanel utilizó esta tecnología para simular un estampado estilo barroco.

En España, Juanjo Gómez, diseñador al frente de la firma Yono Taola, es uno de los pioneros de esta técnica revolucionaria. «Además de diseñar, trabajo en el Istituto Europeo di Design de Madrid, soy coordinador y docente. Un día algunas personas de BQ vinieron a darnos una master class sobre tecnología 3D. Me llamó tanto la atención que después me puse en contacto con ellos para ver si teníamos la posibilidad de hacer alguna colaboración», nos explica Gómez. Esta unión duró dos temporadas.

Estas prendas y algunos de los complementos que las modelos lucieron durante la presentación de las colecciones fueron creadas con una impresora Witbox 2, diseñada y fabricada para uso doméstico. «Todo era un reto. Sabía muy poco de 3D. Además de tener conocimientos informáticos, para manejar el programa con el que modelas las prendas o los objetos tienes que tener en cuenta el grosor de las piezas : si son demasiado finas pueden romperse», añade el diseñador. Él ha creado piezas a base de retículas que fue uniendo hasta lograr confeccionar vestidos.

Una de las grandes dudas que pueden surgir para las personas que no estén familiarizadas es si este tipo de prendas resultan cómodas. Hasta qué punto son flexibles y adaptables al cuerpo o si, por el contrario, presentan una cierta rigidez. Gómez nos explica que depende del material en el que se impriman las piezas.

Algunos permiten una gran elasticidad, otros, como el PLA son rígidos, versátiles y biodegradables. Suelen emplearse para complementos, pero, sin duda, existen muchos materiales aptos para este tipo de impresión. «Creo que el 3D terminará por implementarse para confeccionar complementos y detalles. Se puede hacer prácticamente lo que quieras con esta tecnología. Quizá a nivel textil es más difícil. Al final los materiales son polímeros. Supongo que esto irá evolucionando y sacarán un polímero que será una imitación de un textil determinado, pero hasta entonces veo complicado su uso en el día a día», apunta Gómez.

Pero no solo parece, a día de hoy, poco factible su uso en nuestras prendas habituales por el tipo de materiales que se utilizan, también por la cantidad de tiempo que se invierte en la confección de cada prenda. «En mi caso, tardamos dos o tres horas en imprimir cada pieza, dependiendo del grosor de cada una. Con ciertas prendas puedes tardar más de una semana hasta que tienes listas todas las secciones», añade Gómez. La diseñadora israelí Danit Peleg, es considerada la creadora de la primera colección impresa, íntegramente, con tecnología 3D y confeccionada desde casa. Era su proyecto de fin de carrera. Las horas de trabajo que exigía el proyecto hablan por si solas; 2.000 horas para imprimir todas las piezas y unas 400 horas dedicadas al diseño.

Gómez nos explica que, desde su punto de vista, aún queda mucho por perfilar, pero antes o después, la impresión digital tendrá un espacio destacado dentro de la industria de la moda. Él promete seguir investigando en este y otros campos, sin olvidar la finalidad última de la moda, su funcionalidad. «Al final se trata de buscar cosas nuevas, añadir acepciones a una prenda y hacerla distinta a las demás».

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